La caída del precio del petróleo se mantendrá
durante varios años, según estiman diferentes analistas, a precios que
oscilarán entre 40 y 50 dólares el barril, debido a una mayor eficiencia
tecnológica, lo que reduce el actual consumo energético, y los menores costos
en alternativas ecológicas como son los paneles solares y las torres eólicas,
además del hidrógeno.
A estas alternativas se añade el impacto que ha producido
en el mercado el proceso de fracking y el shale oil que ha permitido una
elevada independencia de EE.UU. del crudo importado y ello ha sido un factor importante
de nuevas ofertas que han obligado a la
baja del precio del crudo.
El Canciller Rafael Ramírez hizo todos los
intentos posibles ante la Opep para que esa organización aprobara una reducción
sustancial de su producción petrolera que permitiera elevar los precios, sin
embargo no logró su cometido en vista que los principales exportadores, especialmente
Arabia Saudita, no están dispuestos a perder mercados ante el shale oil, cuyos
precios requieren entre 40 y 50 dólares
el barril para ser rentables.
Los altos precios del crudo han permitido elevar
sustancialmente las inversiones en fracking, en energía eólica y en paneles
solares. Por ello, algunos miembros de la Opep quieren competir dados sus
menores costos y no bajarán sus volúmenes de producción para desestimular la
competencia de otras alternativas energéticas.
Aunque los ciclos históricos de alzas y bajas en
el precio del crudo han dependido de múltiples factores, entre ellos las crisis
financieras, baja demanda, conflictos bélicos en el oriente medio, actualmente
la menor demanda de China y el relativo estancamiento de la zona del euro
aunado a la competencia del shale oil, son elementos de peso para que hayan
bajado los precios.
Algunas calificadoras de riesgos, bancos de
inversión y expertos en la materia creen que los precios podrían bajar hasta
los 20 y 30 dólares el barril con un techo de 50 dólares y también estiman que
la Opep ya no tiene el peso de antaño para influir en el mercado como lo hacía.
Así que las perspectivas en el corto y mediano plazo no son positivas para los
productores de petróleo, sin embargo no todos los miembros de la Opep tienen la
misma presión.
Algunos han ahorrado, han sabido invertir y tienen músculo
financiero, al diversificar sus ingresos. Otros han gastado y se han endeudado,
sin que se vea la efectividad de esos gastos en la solución de problemas, ni en
mayor producción, ni en un aumento de la calidad de vida.
Caso
Venezuela
El Presupuesto Nacional para el año venidero está
estimado en ingresos por 60 dólares el barril (hay que recordar que el 96% del
ingreso de divisas de Venezuela proviene de la venta de crudo). En estos
momentos, eso significa una diferencia diaria de 9 dólares el barril
aproximadamente en relación a lo estimado en el Presupuesto actual y del 2015,
aunque si se promedia el precio de este año, estará en unos 90 dólares el
barril.
De continuar a la baja el precio del crudo o mantenerse en los actuales
niveles, el gobierno y la Asamblea Nacional deberán reconsiderar el presupuesto
por la caída de ingresos. Aunque el país ya ha vivido en el pasado ciclos de alzas y
bajas, al parecer no ha aprendido la lección, cuando aumenta el precio del
crudo aumenta el gasto, con un gran porcentaje de ineficiencia y sin invertir
debidamente en diversificar la producción y disminuir la excesiva dependencia
de la renta petrolera.
Además, la situación se agrava con unas reservas
internaciones líquidas escasas, que no permiten las importaciones que requiere
el país, luego de castigar severamente durante varios años la producción nacional y la actividad privada. A
esto se agrega la elevada deuda externa, que además aumenta en la medida que el
CIADI sentencia a favor de las empresas afectadas por los procesos de
nacionalización, expropiación o incumplimientos de acuerdos, que obliga a sacar
nuevas cuentas de desembolso. La falta de información enturbia más el panorama,
no se conoce el índice de escasez, tampoco la verdadera producción petrolera ni
los índices de inflación.
La situación se complica, todos vaticinan que el
2015 será un año difícil. Se esperan medidas de fondo, si se quiere atenuar
verdaderamente el impacto económico. Está pendiente, entre otras decisiones, el
aumento del precio de la gasolina, la unificación cambiaria, la suspensión, por
fuerza mayor, de los acuerdos con los países de Petrocaribe para vender esos
volúmenes subsidiados a los mercados que paguen en efectivo y en el momento, la
reducción del gasto público superfluo (el gobierno debe dar el ejemplo) y poner
orden en la política fiscal y monetaria, entre otras medidas.
Por cierto, ante
la escasez de divisas, la caída de las importaciones, la más alta inflación del
continente, la baja producción nacional, es urgente y necesario que el gobierno
incorpore a la sector privado en la solución de gran parte de estos problemas y
que también se desprenda del sectarismo y establezca un diálogo sincero con
todas las fuerzas políticas y con la sociedad civil en general.
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